¿Dónde se confina a alguien que vive en la calle?

La pandemia nos ha enseñado a valorar lo realmente importante. En unos meses pasamos de tenerlo todo a no tener nada y es ahora cuando muchos entienden que la vida cambia en cuestión de segundos, que el desamparo no entiende de sesgos . Es en épocas de crisis cuando más necesaria se hace la labor de centros de día  y comedores sociales como el de San Blas en Zaragoza que se adapta a las nuevas circunstancias para llegar, dentro de los límites exigidos, a atender a los más afectados por una crisis sin precedentes.

El trabajo desde este centro,  ya esencial antes de la pandemia, se ha intensificado estos últimos meses. Este cuenta con una peculiaridad, no es un centro cualquiera, es el único centro en  Zaragoza con consigna para guardar las pertenencias durante el día,  además de ofrecer otros servicios más habituales como comedor, por ejemplo, ahora reducido a tuppers y bocadillos.

Imagen de un comedor social en Zaragoza

Tanto voluntarios (cada vez más son los que se comprometen), como trabajadoras  sociales, psicólogas y educadoras sociales han buscado sin embargo llegar  más allá. Conocen las historias de aquellos que acuden al centro, aquí el colectivo no siente el rechazo de las calles, aquí tienen un valor, algo tan humano como un nombre incluso. Aquí existe una preocupación por encontrar un futuro o por lo menos una  mejora en calidad de vida, creen en la luz al final del túnel de la pobreza. Existe para ello cursos de formación hacia el futuro e incluso se ofrecen oportunidades para el desarrollo personal como es el caso de Mamadou que, mañana y tarde, acude a  una  máquina de coser del centro lista para crear  diseños y piezas.

Lo cierto es que este acercamiento, con la Covid 19 acechando de por medio, es más importante que nunca. Desde el centro facilitan trámites como las consultas médicas ahora telefónicas, las PCR obligatorias para poder entrar al albergue entre aquellos que ni siquiera tienen tarjeta sanitaria o incluso lo más básico como proporcionar mascarillas a pesar de la inviabilidad de que esto se haga cada 4 horas.

La situación ha sido especialmente preocupante ¿Dónde confinamos a alguien que vive en la calle? Puede resultar irónico o incluso duro, pero para muchos dar «positivo» en la prueba PCR ha resultado ser lo más cómodo porque les abría las puertas durante un tiempo a una residencia de aislamiento con muchas mejores condiciones de las que habitúan, tan curioso como desolador.

En 2019, casi el 18% de la población aragonesa se encontraba en riesgo de pobreza. Desde los centros sociales piden empatía “nos puede tocar a cualquiera”. La desinformación crea etiquetas. El perfil y características es muy variado, no caigamos en los tópicos y avancemos como sociedad  para sobrepasar un tiempo del que sin lugar a duda, nos costará recuperarnos.

 

Cristina Lázaro de Blas