El comedor de la parroquia del Carmen ofrece 240 comidas diarias y aumentan las mujeres usuarias

Comida para distribuir entre personas en situación de exclusión - JOSÉ MARÍA LÓPEZ-E.P

El comedor social de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en el distrito Centro de Zaragoza, ofrece una media de 240 comidas diarias, y el perfil del usuario ha variado al detectarse un aumento de mujeres desde el inicio de la crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus.

Este comedor social ofrecía antes de la pandemia una media de 170 comidas diarias, durante el confinamiento –en el mes de abril– han llegado a repartir hasta 260 menús al día con una media a lo largo de esos 99 días de 243 raciones por jornada.

En el mes de mayo se ha reducido el número de usuarios porque muchos se desplazaron a otras localidades próximas a Zaragoza a la recogida de la fruta, pero la media ha vuelto a cifras cercanas a las 250 raciones diarias.

Estos datos contrastan con la crisis económica de 2009 que es el año que más repercutió en Zaragoza, con un máximo de 130 comidas al día, que obliga a este comedor social a implantar los dos turnos que se han mantenido hasta la pandemia, y la diferencia es mayor respecto a 2007 cuando se servían alrededor de 110 raciones por día.

La trabajadora social de la obra social de la Parroquia del Carmen, Lucía Capilla, ha aportado más datos sobre las diferencias entre ambas crisis y que atañen al perfil de los usuarios, ya que ha aumentado el número de mujeres que ha pasado del 8 al 18 % y por edades se ha registrado un crecimiento entre los 30 y 45 años, «no mucho, pero algo se detecta».

Otro cambio que ha supuesto la pandemia ha sido la forma de administrar los menús. Frente a los dos turnos de comida que servían en las 20 mesas del comedor social, desde marzo los usuarios se llevan la comida en envases de plástico y también los cubiertos que les suministran son desechables, del mismo material.

Dieta equilibrada

En declaraciones a Europa Press, Lucía Capilla ha comentado que la comida se entrega a las 13.30 horas, y más cantidad de la que se servía en el comedor. Los usuarios se llevan un ‘tupper’ con un primer plato, un segundo, un postre, un lácteo y un bollo.

Este ‘picnic’ se lo comen en su casa y solo se hacen excepciones con los que viven en la calle, un grupo de entre diez y veinte personas a las que se les permite comer en la sala. «Cada uno se sienta en una de las 20 mesas. Se guarda la distancia de seguridad y también las medidas higiénico sanitarias», ha recalcado.

Ha destacado que los usuarios «cumplen con todas las normas y son muy agradecidos» porque en la parroquia recibieron una donación de mascarillas y se les proporcionaba a los usuarios que acudían sin esta protección. «No han puesto ninguna pega, aceptan las normas y colaboran sin problemas».

Sobre los tipos de menús, ha explicado que se intenta hacer la misma comida, pero «el puchero caliente desde que se embolsa hasta que se lo comen seguro que no está a la misma temperatura, pero se procura hacer una dieta equilibrada».

Lucía Capilla ha expuesto que la comida se compra y también reciben donaciones del Banco de Alimentos y de campañas de recogida en supermercados de la ciudad.

«La situación no mejora»

Ha contado que no atienden familias porque no pueden dar comidas a menores de edad, que tiene que estar escolarizados y disponer de sus becas de comedor. «Cuando nos llega algún caso lo derivamos a los servicios sociales del Ayuntamiento para que les presten un apoyo en alimentación».

Al respecto, ha reclamado que los servicios sociales actúen de forma presencial porque «la gente en exclusión no tiene fácil pedir cita online o hacer una llamada a un teléfono 900». Ha dicho que antes de la pandemia iban al mostrador de los centros municipales de servicios sociales con el DNI y pedían cita, pero ahora al no saber pedir cita por medios telemáticos optan por venir a comer al centro.

También ha informado de que los recursos de alojamiento de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, que cuenta con 23 pisos, siguen con las familias que había en marzo porque la situación no ha mejorado.

«Por nuestra experiencia cuesta que baje la demanda de personas necesitadas, pero que aumente es más fácil. El pico de peticiones sube rápido y para que se estabilice le cuesta un tiempo. No nos habíamos terminado de recuperar, parecía que en 2019 se empezaba ver luz y llega el coronavirus», ha lamentado.