Aula De Un Colegio De Infantil Y Primaria - EUROPA PRESS - Archivo SALUD ARAGÓN ESPAÑA EUROPA SOCIEDAD ZARAGOZA EDUCACIÓN

ZARAGOZA, 8 DE SEPTIEMBRE

UNA VUELTA AL COLE HISTORICA

“Ponte bien la mascarilla”, “lávate las manos”, “nos ponemos un poco de gel hidro-alcohólico”… Un principio de curso de lo más atípico.

Soy maestra de 1º de Educación Primaria. Mi primera vez como tutora de Primaria, la primera vez para mis niños/as en subir al “edificio de los mayores”, y la primera vez para muchos otros maestros/as y alumnos/as de España. Porque, si algo tiene este principio de curso, es que es totalmente nuevo para toda la comunidad educativa.

Para mis niños/as hoy ha sido un día de aprender muchas nuevas rutinas, no sólo por el hecho del gran reto que supone pasar de etapa, sino porque la vida en los coles, nos guste o no, ha cambiado.

De 8:45 a 9:00 los niños y niñas han entrado al cole de forma escalonada, y nada más entrar a clase estábamos las profes para recibirles en la puerta con una gran sonrisa bajo la mascarilla, y como no, un chorrito de gel. Se han ido sentando en sus pupitres (separados con la distancia de seguridad que el tamaño de las aulas permite) y así, ha dado comienzo el curso escolar 2020-21.

Lo primero que ha tocado ha sido explicarles las nuevas normas que tenemos este año en el cole. Muchos de ellos ya venían con la lección bien aprendida de casa y sabían más del Coronavirus que Fernando Simón.

Una vez explicadas las normas, tocaba ponernos en marcha. Y a mitad de mañana ha llegado el momento más esperado para ellos y ellas: el recreo. Pero y qué recreo más extraño… Han bajado solos, jugando en su trozo de patio bien delimitado y (en la medida de lo posible) a juegos que no requieran contacto físico. Un clásico: el chocolate inglés. Mientras nosotros estábamos en el patio nuestros compañeros de la otra clase almorzaban en la suya, y luego, nos cambiábamos. En el segundo descanso ellos han bajado a su trozo de recreo y nosotros nos hemos quedado en clase. Y es entonces cuando ha llegado otro de los grandes momentos esperados por todos: quitarse la mascarilla para poder almorzar. Eso sí, cada uno sentado en su silla, sin poderse levantar, y mucho menos sin poder compartir el fuet con el vecino. Aunque para qué nos vamos a engañar… a muchos se les ha olvidado que no podíamos levantarnos del sitio sin mascarilla (poco a poco iremos cogiendo el hábito).

A la hora de irnos a casa, se han puesto sus mochilas, han hecho la fila y una de mis alumnas se me ha acercado para decirme: “Pepito no lleva puesta la mascarilla”. Y es que Pepito, con la emoción de que ya nos íbamos a casa, ha decidido que: acabadas las clases, la mascarilla a la mochila.

Maestros y maestras de España, tenemos un gran reto este curso escolar. Nadie nos dijo que fuera a ser fácil, porque las afonías de tener que alzar la voz con la mascarilla están garantizadas, porque nos vamos a tener que reinventar, porque vamos a estar expuestos a contagiarnos… pero, como dijo mi jefe de estudios el otro día “si hay algo que hemos aprendido estos meses atrás, es que lo que realmente funciona y lo que los niños y niñas necesitan, es la educación presencial”. Por eso, merece la pena hacer un esfuerzo por nuestra parte por ir cada día a clase, por difícil que sea, con mil recursos nuevos en la mente, abrazos para darles a distancia, y sonrisas que regalarles con los ojos.

C.A.C